A siete años del estallido: el relato del 18-O se sedimenta y pierde centralidad en los medios, según Jorge Valdebenito

A pocos días de haberse cumplido siete años del estallido social de octubre de 2019, el significado del acontecimiento político más decisivo de la historia reciente chilena sigue sin cerrarse. Sin embargo, los contornos de cómo se narra esta crisis están cambiando. Así lo advierte Jorge Valdebenito, investigador postdoctoral del Centro de Investigación CICLOSy profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales (UDP).

El sociólogo encabeza el proyecto Fondecyt de Postdoctorado 3261083 “Voces en pugna: estrategias discursivas de medios, expertos y políticos en la interpretación del estallido social chileno (2019-2025)”. En lo que va de su investigación, el profesor Valdebenito detalla los hallazgos preliminares de esta primera etapa, centrada en el procesamiento de notas de prensa y entrevistas a informantes clave. Allí distingue la prominencia de un fenómeno clave, relacionado a la pérdida paulatina de protagonismo del 18 de octubre en la agenda mediática y la ausencia de una lectura social unificada.

La pérdida de centralidad y la “sedimentación” del significado

Uno de los indicadores más evidentes que arroja el análisis de la prensa es que el 18 de octubre va perdiendo peso progresivamente en el espacio público conmemorativo.

“Parece convertirse cada vez más en una fecha de referencia, pero con una presencia decreciente en las publicaciones entre los medios analizados”, señala.

Para el investigador, este repliegue se vincula a una distinción central de la primera fase de estudio, vinculado a la ausencia de evidencia suficiente para sostener que el estallido haya respondido a una agenda compartida y claramente delimitada.

A su juicio, la idea de una “agenda del estallido” es utilizada instrumentalmente por dos veredas opuestas. De un lado, actores que buscan reivindicar su vigencia política; y de otro, sectores que pretenden desacreditarla y darla por superada. Ambos polos le atribuyen al hito una coherencia programática que la diversidad de las calles nunca tuvo de forma homogénea.

Como corolario de esta dinámica, entre las voces examinadas, el investigador apunta hacia un proceso de sedimentación respecto al balance de las causas, expresiones y horizontes de intervención. Esto es, la idea de que el estallido careció de un programa común, aunque destaca que debe continuar la lectura del material para establecerla como una interpretación propia y derivada del análisis.

Un contexto inédito: el factor 2026 y el rol de las fuentes expertas

Según el académico, la conmemoración de este año adquiere una particularidad histórica. Ocurre bajo la administración de un gobierno de derecha electo, pero bajo condiciones adversas a nivel de opiniónpública. Esto reabre interrogantes sobre cómo se vincula el malestar de octubre con las actuales condiciones materiales del país, especialmente en materia de desempleo e inflación. Si bien los sectores de izquierda insisten en la vigencia de las llamadas ‘demandas del estallido’, el Fondecyt busca comprobar qué tanto eco encuentra dicha narrativa entre el debate público actual.

Consultado sobre la neutralidad de los discursos expertos difundidos por la prensa, el investigador es enfático en descartarla. Las crisis, explica, desbordan los marcos interpretativos habituales, obligando a los medios y centros de estudio a emitir diagnósticos de carácter normativo. Fundamentalmente, destaca, a la hora de proponer salidas para la crisis. Ahora bien, destaca que los medios de comunicación en general distan de encasillarse entre un determinado clúster ideológico, operando, por el contrario, desde trincheras de pluralismo restringido. “No se trata de asumir que todos los contenidos de un medio responden de manera uniforme a una misma posición, sino de identificar las regularidades de las disputas presentes entre sus publicaciones”. Esto lo puntualiza sosteniendo que los consumos informativos por parte de las audiencias ante tal escenario debieran ampliar sus fuentes, combinando medios tradicionales y alternativos, a modo de generar lecturas más amplias a la hora de caracterizar un determinado acontecimiento.

Cegueras cognitivas y pluralismo informativo

Lo anterior se relaciona con su análisis de la labor de los medios, en el que Valdebenito advierte sobre los riesgos de lo que denomina cegueras cognitivas o descriptivas. A su entender, el periodismo suele incurrir en la falacia de ofrecer un “falso contraste” al limitar la pluralidad de fuentes a dos polos tradicionales (por ejemplo, centroderecha y centroizquierda), lo que excluye sistemáticamente a corrientes más radicales o periféricas. Según sus estudios, estas corrientes tienden a adquirir protagonismo en momentos de crisis, pues sus publicaciones durante períodos de estabilidad suelen advertir sobre los riesgos de procesos que posteriormente se materializan en contextos de disrupción.

A su vez, destaca que uno de los hallazgos centrales en lo que va de su investigación remite a la pérdida de centralidad de los grandes medios ante plataformas de streaming y medios de nicho. Esto, advierte, tiende a fragmentar las interpretaciones de los aspectos críticos de la realidad social, aconsejando la lectura informativa desde una lógica de contraste, basada en la comparación de los enunciados provenientes de múltiples plataformas, revisando qué fuentes se privilegian, qué perspectivas se silencian recíprocamente, abriendo paso a la distinción de los enunciados sobre hechos informados y valoraciones editoriales. 

A modo de cierre, destaca que estos elementos han servido como fuente de discusión en las sesiones que el investigador dirige en el Grupo de Estudios sobre Análisis Crítico del Discurso, que desarrolla igualmente al alero del CICLOS-UDP.