Académica Teresa Correa asume como co-editora del Journal of Computer Mediated Communication

El Journal of Computer-Mediated Communication (JCMC) se posiciona actualmente en el puesto número 5 a nivel mundial, según su impacto en el campo de la comunicación. Correa compartirá este rol de liderazgo editorial con destacados referentes internacionales: Nicole Ellison (U. de Michigan), Cuihua Shen (U. de California-Davis) y Mike Yao (U. de Illinois en Urbana-Champaign).

Este nombramiento va más allá del reconocimiento individual; implica una oportunidad clave para la descentralización del conocimiento. En su rol de co-editora, Teresa Correa tendrá la responsabilidad de evaluar y decidir qué investigaciones serán publicadas en la revista, permitiendo aportar una mirada estratégica desde nuestra región. Sin embargo, el escenario actual plantea desafíos complejos.

“El campo de la comunicación digital está en un momento de mucho cambio e incertidumbre. La IA está transformando cómo circula la información, cómo se produce contenido, cómo se informa y desinforma. Los journals tenemos que responder a este escenario complejo, desafiante, pero muy interesante. Intentar identificar nuevas teorías o ideas que nos ayuden a comprender este contexto cambiante. Y no hay respuestas fáciles”, explicó Correa.

Fundada en junio de 1995 y publicada de forma trimestral por la Oxford University Press en conjunto con la Asociación Internacional de Comunicación (ICA), JCMC es una de las revistas pioneras y más influyentes en estudios de internet y sociedad. Con una tasa de aceptación de apenas el 3%, la publicación destaca además por ser un referente de libre acceso (Open Access) en el ámbito de la comunicación. La académica destaca el valor práctico e institucional de la publicación, señalando que este es un journal Web of Science top 3 en comunicaciones, de acceso abierto y no cobra cargos de procesamiento”. Esto significa que la revista se sitúa en el selecto grupo de las tres publicaciones con mayor impacto y calidad científica del mundo en su indexación (Web of Science).

“Es un orgullo liderar una revista de estas características en un contexto donde se valora el acceso abierto, pero muchas veces los costos se están trasladando a los autores, lo que amplifica las desigualdades. Esta revista es una excepción en ese sentido. Pero, por lo mismo, estamos recibiendo un número enorme de envíos, se ha duplicado en los últimos 3 años. Y debemos liderar esto con un equipo pequeño, lo que implica gestionar volúmenes altos de manuscritos, tiempos de revisión, relaciones con revisores, relación con la casa editorial, con recursos que no aumentan al nivel de la exigencia”, expresó la académica. 

Teresa Correa tiene un doctorado en comunicaciones de la Universidad de Texas en Austin y sus investigaciones se centran en tres líneas: (1) el acceso y uso de nuevas tecnologías e inequidad digital, (2) activismo online y justicia social y (3) sociología de los medios

“Los journals de comunicación digital han construido mucha teoría desde contextos muy específicos, especialmente en el llamado norte global. Fenómenos que ocurren en otras regiones, como el uso político de redes como WhatsApp y las desigualdades digitales, pueden verse como casos periféricos cuando en realidad son procesos a los cuales hay que poner atención”, enfatiza Correa, critican el sesgo de que los estudios del Norte se asuman automáticamente como “generalizables” mientras los de la región se etiquetan como “casos de estudio locales”.“Todos los estudios en ciencias sociales son contextuales, por lo tanto, todos debieran dar cuenta de sus especificidades y/o generalidades. Es importante medirlos todos con la misma vara“, afirmó.

Para la investigadora, la presencia latinoamericana en estos espacios de alta decisión es crucial para lograr un conocimiento con impacto, riguroso, de calidad y que represente distintas realidades. Por ello, su foco también estará puesto en una labor fundamental: que las miradas se vayan ampliando. “Hay algo más silencioso, pero igual de importante: diversificar quién revisa los manuscritos. Eso no es un gesto simbólico, ya que cambia concretamente qué investigación pasa el filtro. La verdad es que en nuestro equipo editorial existe la voluntad y el objetivo de ir ampliando la construcción del conocimiento y hemos ido tomando decisiones y medidas que apuntan a una mayor diversidad. Pero no es fácil”, detalló Correa.

Finalmente, al reflexionar sobre las barreras que enfrentan los investigadores de la región—como el idioma, el acceso desigual a recursos o las altas cargas docentes—, Teresa Correa envía un mensaje determinante a sus pares locales. “Lo primero: no esperar a sentirse listas o listos. Esa sensación de que falta algo, más publicaciones, mejor inglés, más reconocimiento, puede ser infinita, y generalmente dice más del síndrome del impostor que de la realidad. Lo segundo: construir redes activamente. Escribir a personas a quienes les admiras el trabajo, proponer colaboraciones, ir a congresos aunque cueste. El capital social no llega solo, y para nosotros es más difícil aún. Lo tercero, y quizás lo más importante: entender que venir de Chile, de Latinoamérica, no es una desventaja que debemos disimular, sino una perspectiva con valor real y contribución al campo, que está cada día más presente. Si bien cuesta ir quebrando las múltiples barreras, esto es paso a paso y con determinación.”